Cardenal para Valencia


MIGUEL NAVARRO * Rector de Colegio
Corpus Christi
La concesión del capelo cardenalicio al arzobispo de Valencia, monseñor Agustín García Gasco y Vicente, anunciada ayer por el papa Benedicto XVI, ha devuelto a la sede episcopal de Valencia una dignidad, la púrpura cardenalicia, que en el pasado adornó a muchos de sus pastores, especialmente en la segunda mitad del siglo XV y los primeros años del XVI, así como a finales del siglo XIX e inicios del XX.
En efecto, si exceptuamos el nombramiento cardenalicio del obispo Jaime de Aragón llevado a cabo durante los tempestuosos tiempos del Cisma de Occidente, en 1388, por el papa de Aviñón Clemente VII, observamos que los nombramientos cardenalicios de obispos o arzobispos valencianos se sitúan en dos arcos de tiempo muy precisos.
El primero de ellos es el tiempo de los Borja, cuando dos miembros de esta familia valenciana, ambos oriundos de nuestras tierras y obispos de Valencia, llegaron a ceñir la tiara pontificia con los nombres de Calixto III (+1455), natural de Canals y Alejandro VI (+1503),sobrino de Calixto III y natural de Xàtiva. Los papas Borja, especialmente el segundo, crearon una gran cantidad de cardenales valencianos, bien miembros de su propia familia o bien servidores y clientes suyos, con los que intentaron reforzar su autoridad en el seno del colegio cardenalicio, que en aquel momento tenía una gran importancia no sólo en el gobierno espiritual sino también temporal de la Iglesia, en concreto de los Estados Pontificios. Así, durante los ochenta y dos años que los Borja tuvieron la diócesis en sus manos (de 1429 a 1511) tenemos cinco obispos de Valencia seguidos ensalzados con la dignidad cardenalicia: Alfonso de Borja, Rodrigo de Borja, César Borja, Joan de Borja-Llançol de Romaní y su hermano Pere Lluís.
Después, tenemos que esperar a finales del siglo XIX para encontrar de nuevo la púrpura en la Iglesia de Valencia. Contamos en este momento, hasta inicios del siglo XX, con cinco arzobispos de Valencia distinguidos por los papas con el capelo: inicia la serie Mariano Fernández Barrio, que, nombrado cardenal en 1873 por Pío IX, moriría como cardenal-arzobispo en Valencia tres años después. Su sucesor, Antolín Monescillo y Viso fue creado cardenal en noviembre de 1884, y trasladado a la sede primada de Toledo en 1892. Le sucedió Ciriaco María Sancha Hervás, quien siguió sus pasos, pues, nombrado arzobispo de Valencia en julio de 1892 y creado cardenal en 1894, fue trasladado a Toledo en 1898. También su sucesor, Sebastián Herrero y Espinosa de los Monteros, fue elevado al cardenalato, pero gozó poco tiempo de su nueva dignidad, pues murió pocos días después. A Victoriano Guisasola y Menéndez, que le sucedió, no podemos considerarlo con propiedad cardenal de Valencia, pues el papa san Pío X le concedió esta dignidad en 1914 al tiempo que lo nombraba arzobispo de Toledo. Así pues, el quinto cardenal-arzobispo de Valencia fue el valenciano Enrique Reig y Casanova, quien sería creado cardenal por Pío XI en diciembre de 1922, tres días antes de trasladarle a la sede primada de Toledo, donde moriría en 1927, siendo el último arzobispo de Valencia honrado con el capelo cardenalicio, hasta el presente, cuando, ochenta y cinco años después, por voluntad de Benedicto XVI, la púrpura cardenalicia ha vuelto a recaer sobre un arzobispo de Valencia.

Extraido del Levante. Diario Mercantil Valenciano.

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