La Xunta oculta un informe que exculpa al PP de la crisis del «Prestige»


(PD).- «Lo que está enterrado todavía en el mar va a destrozar la costa gallega», «falta lo peor y va a afectar al PIB español», «va a aumentar espectacularmente la emigración que ya existía», «todas las decisiones tomadas, todas, han sido equivocadas». Así se pronunciaba en diciembre de 2002 el ahora biógrafo de cabecera de José Luis Rodríguez Zapatero, Suso de Toro, una de las cabezas visibles de la intelectualidad crítica.

Como desvela José Luis Jiménez en ABC, aquellos vaticinios catastrofistas se convirtieron en la línea de actuación de la oposición política y social a Manuel Fraga en aquel crudo invierno de 2002, que veía cómo el petrolero «Prestige» se rompía un 19 de noviembre frente a las costas gallegas con cerca de 80.000 toneladas de fuel.

Cuando mañana se cumplan cinco años del hundimiento, la sociedad civil gallega ha pasado una de las páginas más duras de su historia, y toda aquella «marea negra» es un mal recuerdo.

Frente a aquellas profecías tremendistas y apocalípticas que en esos meses de tensión política y social se vertieron sobre una opinión pública extremadamente sensibilizada, en la última semana han aflorado diversos estudios e informes que evidencian que de todo lo dicho, no pasó nada.

Informe vetado
El más significativo ha sido el trabajo «La incidencia socioeconómica del «Prestige» en Galicia», elaborado por dos expertos de la Universidad de Santiago por encargo de la Xunta, y que la Consellería de Pesca -gobernada por el PSOE- ha prohibido distribuir pese a estar ya editado por arrojar datos que apoyan la gestión que en aquel momento realizó la Xunta de Fraga.

Los profesores Pedro Arias y Miguel Cancio desmontan gran parte de las afirmaciones que se realizaron en aquellos inciertos días de 2002 y 2003.

La primera es la relativa al alejamiento del buque en vez de su ingreso en puerto para el vaciado, defendido por PSOE y BNG aunque con destinos distintos: los socialistas insistían en introducir el «Prestige» en Vigo y los nacionalistas en el seno de Corcubión.

Según el informe, cualquier operación de acercamiento a puerto «sin certeza razonable de que se pudiera contener el vertido y recuperar el fuel debiera rechazarse», ya que la posibilidad de verter las 77.000 toneladas sí produciría «una catástrofe real».

Es más, el estudio concluye que «la peor decisión (…) sería tratar de introducir un buque accidentado en la Ría de Corcubión», ya que «por su estrechez, bajo calado, dirección y fuerza de las corrientes es el espacio gallego que ofrece más riesgo para una operación de este tipo».

La consultora Berenguer e Ibarren cifró en un 97% la probabilidad de que el barco rompiera antes de entrar en la ensenada y su carga se dispersara por todas las Rías Baixas. La opción viguesa, defendida por el PSOE, «resulta igualmente inadmisible» por el «daño directo inevitable en la zona de más entidad pesquera de Galicia».

La economía que no se hundió
Otra de las mentiras que desmenuza el informe es el repetido hundimiento de la economía gallega que produciría el accidente. Descontadas las cantidades recibidas de los fondos de compensación y las aseguradoras, los gastos del petrolero han costado a las arcas estatales 514,6 millones de euros, apenas el 0´07% del PIB nacional.

En el plano gallego, apunta que la economía de la Comunidad «ya disponía a pincipios del siglo XXI de un tejido productivo modernizado, consistente y en fuerte crecimiento, que no podría ser sustancialmente alterado por el accidente» del petrolero.

Ese año 2002, el PIB gallego creció un 2,2%, y en 2003 lo hizo al 2,3%. Los intelectuales se equivocaban.

Y contra las descarnadas críticas que desde la oposición se vertieron contra la gestión de la crisis y la coordinación entre las administraciones, el informe establece que precisamente «la gestión económica institucional fue la faceta más acertada», ya que «la reparación de los daños económicos básicos -a través del pago de ayudas a los afectados- fue prácticamente inmediata».

Así, Cancio y Arias sitúan la actuación ante el «Prestige» como «un precedente ejemplar», ya que gracias a «la unidad de acción» entre la Xunta y el Estado se evitaron «las fuerzas que podrían inducir efectos depresivos locales e incluso regionales».

En el informe vetado por la actual Xunta hay también duras críticas al entorno sociopolítico, por convertir «un suceso de intensa componente mediática» en «escenario de la contienda electoral».

«La oposición procedió a convertir la catástrofe en una causa contra» el PP, y se «olvidó de los agentes originarios de la misma», estos son, armadores, propietarios y aseguradores del petrolero accidentado.

Si bien critica la «infravaloración» del Gobierno a la hora de «contar la verdad y exponer la información disponible», los autores del informe censuran «las actitudes de algunas personas e incluso colectivos», que fue «la de aprovechar una catástrofe propicia al protagonismo televisivo».

No ha sido este el único estudio que ha desmontado las teorías apocalípticas de los actuales socios de gobierno, por aquel entonces oposición.

El catedrático de Biología de la USC Alejo Carballeira defendió esta semana que los efectos tóxicos que provocó en 1992 el accidente del buque «Mar Egeo», que sí se alojó en La Coruña, fue superior a la causada por el «Prestige».

Contra los pronósticos más pesimistas de que llevaría años retirar el fuel de las costas, el director del Instituto Oceanográfico de Vigo, Juan José González, consideró también esta semana que cinco años después de la catástrofe el litoral gallego se ha recuperado «al 98 por ciento» de los daños ambientales causados por la marea negra y apuntó que la flora y la fauna del litoral están «prácticamente igual que antes del accidente».

«Nunca Máis» se calla
Incluso «Nunca Máis» ha tenido que rendirse ante la evidencia de que sus predicciones fracasaron.

«Se ha producido una recuperación del medio bastante importante», indicaba estos días Rafael Villar, uno de sus portavoces, quien también estuvo de acuerdo en que la actividad pesquera ha vuelto a los mismos parámetros de normalidad que tenía antes de la catástrofe.

Tan es así que por primera vez en cinco años, «Nunca Máis» no saldrá a la calle para recordar la tragedia.

El año pasado apenas congregó a 2.000 incondicionales, y su silencio cómplice durante la ola de incendios que arrasó 100.000 hectáreas en agosto de 2006 evidenciaron la falta de sentido crítico de la plataforma hacia el gobierno actual.

Ahora, sus ataques al PP se han convertido en vagas exigencias sobre el cumplimiento de la normativa europea en materia de tráfico marítimo y en la demanda de más recursos para la lucha contra la contaminación. Pero ya no hay pancarta. Ni siquiera ellos se acuerdan del «Prestige».

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