Y agora, el Ágora


EL titular podría servir de ejemplo sobre la importancia de una tilde y de cómo su uso, lo mismo que una coma, puede desvirtuar por completo el sentido de una frase, pero no se trata de dar una lección de buenos modales ortográficos, que tampoco estaría de más para reeducar a la ciudadanía ágrafa nacida de la LOGSE, sino de comentar la importancia que ha supuesto la inauguración del edificio que completa la Ciudad de las Artes y las Ciencias.
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La frustración sufrida por los mala-sombras que tenemos fijos en plantilla en nuestra Comunidad, ésos mismos que hacían votos para que las obras del Ágora no estuviesen concluidas a tiempo, se ha traducido en sordo cabreo visto el éxito que ha supuesto el torneo de tenis Open 500 de Valencia. Éxito por el continente y por el contenido.
La frustración que supuso para muchos de los aficionados valencianos la rápida eliminación de Juan Carlos Ferrero, y la lesión que provocó la retirada de David Ferrer, se vio paliada en muy buena parte por el juego exhibido por los demás participantes y la calidad de Andy Murray, que consiguió coronarse con todo merecimiento como primer ganador.
El entrenador de Ferrero y director del Open 500 Valencia, Antonio Martínez Cascales, tiene motivos para la satisfacción (aún debiendo aceptar que el torneo es susceptible de mejoras), porque satisfacción es sentimiento compartido y expresado por la inmensa mayoría de los miles de espectadores. Si el próximo año es más posible que probable que esté aquí Rafa Nadal, ello no minusvalora la primera convocatoria que no ha estado nada mal. Conocer por dentro el edificio de Santiago Calatrava ha sido para muchos de los visitantes, yo entre ellos, una agradable y recomendable experiencia. La sorpresa de sus dimensiones exteriores la aporta tanto la grandiosidad y diseño de su bóveda como su capacidad, que en esta primera prueba -y prueba superada- albergó más de cinco mil quinientos espectadores.
La final del Open 500 Valencia se disputó poco después de que concluyese en el circuito de Cheste la última prueba del Campeonato del Mundo de Motociclismo. Dos acontecimientos que han servido para poner urbi et orbe el nombre de Valencia y la Comunidad Valenciana. Pocas campañas de publicidad y marketing tendrán la capacidad y posibilidades de comunicación que la ofrecida por el tenis y las motos en una misma semana.
El director de cine Alejandro Amenábar ha realizado una película -que también ha titulado como Ágora- que dicen ha costado cincuenta millones de euros. Buena parte de esta cantidad la ha aportado Telecinco, corriendo el resto a cargo de las ayudas del Ministerio de Cultura, razón por la cual el día de su estreno hasta cinco ministros de Zapatero se dieron cita, gratis total.
No pensaba establecer comparaciones entre el Ágora de Calatrava y la Ágora de Amenábar, por más que el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero se haya atrevido, un fruto más de su osadía, a hacer paralelismos entre el Muro de Berlín y el franquismo. De modo que hablaré de un edificio emblemático y de una auténtica castaña de film.
Fuente: ABC.es
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One comment

  1. No es por nada, pero ese edificio esta inacabado, tiene goteras, poca utilidad ya que pasa casi todo el año vacío y según parece ser las puertas estallan , todo el complejo de la CAC se presupuesto en menos de 400 millones de Euros y a costado unos 1300, al menos podrían ponerle la peineta o en su defecto quitarla de la fotografia ya que no se asemeja a la realidad:

    Un saludo!

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