Gracias amigo


Mil gracias amigo. Nunca te agradeceré lo suficiente todo lo que has hecho por mí. Si hoy puedo disfrutar plénamente de la vida es por tí, gracias a tu sacrificio. Núnca te olvidaré.

Mi amigo era un chico joven y con infinitas ansias por descubrir. Todo era nuevo para él en ese momento, el primer amor, las amistades, el alcohol, la música, las discotecas, las drogas, el tabaco, el motor.

Su juventud la vivió plénamente, no le faltó de nada, él fue un chico afortunado. Sin temor a equivocarme puedo decir que no dejó por probar ninguna fruta prohibida, él se consideraba un descubridor y disfrutaba siempre tentando al Diablo.

Si tenía una virtud que destacaba entre otras, eran sus constantes ansias por descubrir, lo que provocaba que nunca permaneciese demasiado tiempo en el mismo sitio estancado, y de la misma manera que se aferraba a algo se soltaba con la misma simpleza, sin remordimientos, sin añoranzas. Todo lo pasado quedaba como algo experimentado siendo tachado en su agenda como conquistado y para no volver a repetir.

El alcohol pero sobre todo las drogas fueron algunas de sus principales víctimas, éstas yacen hoy bajo sus piés preguntándose atónitos en qué demonios fallaron.

Hubo alguien que pudo combatir de tú a tú con él, el tabaco. Mi amigo llegó a consumir dos cajetillas diarias, y pese a los sabios consejos de sus mas cercanos, núnca se planteó presentar batalla.

Su cuerpo era joven y pese a el elevado consumo diario éste no presentaba muestras de cansancio, de enfermedades ni de problemas respiratorios. El debate estaba cerrado.

El tabaco era el vencedor en éste combate, ambos se necesitaban y disfrutaban juntos, uno proporcionaba compañía y consuelo y a cambio mi amigo le cedía su cuerpo para que el primero se alimentase de él.

Un buen día ocurrió lo inesperado, tras 7 días convaleciente por gripe sin haber tenido la compañía de su amigo el tabaco, mi amigo decidió levantar anchas y continuar su camino en solitario. Tenía por aquel entonces 26 años. Nuna mas volvieron a saber el uno del otro.

Hoy en día mi amigo, Pablo se llama, deberá estar por los 40. Y es hoy cuando yo, el que escribe, mira atrás y da un millón de gracias a ese Pablo atrevido, loco y descubridor por no haber sucumbido a todas esas maldades y haberme podido ceder ese cuerpo y esa mente totalmente intactas de impurezas para que pueda continuar viviendo, y sobre todo, para poder continuar disfrutando y descubriendo.

Gracias amigo.

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